Cuando pensamos en preparar una carrera de montaña solemos centrarnos en dos aspectos: entrenamiento y nutrición. Kilómetros, desnivel, series, tiradas largas… y una buena estrategia de alimentación.
Pero los que hemos corrido alguna vez un maratón de montaña sabemos que, más allá del entrenamiento y la nutrición, hay un momento en el que la carrera pasa de las piernas a la cabeza.
Especialmente en distancias largas, como la media maratón o el maratón de montaña, el cuerpo corre, sí, pero la mente tiene mucho que decir.
Habrá momentos de euforia… y también momentos de duda. Subidas interminables, fatiga acumulada o pensamientos que aparecen cuando menos los esperas.
La buena noticia es que la mente también se puede entrenar. Estas son algunas claves para llegar con la cabeza preparada a la salida de Refugis de Pedra en Onda.
1. Aprende a gestionar los pensamientos negativos
En algún momento de la carrera aparecerán pensamientos como:
“Todavía queda muchísimo”
“Esto es demasiado duro”
“No sé si voy a poder”
Es completamente normal. A todos los corredores nos pasa.
La clave no está en evitar esos pensamientos, sino en no engancharse a ellos.
Obsérvalos, déjalos pasar y vuelve a centrarte en lo que estás haciendo: tu respiración, tu ritmo, la senda.
Piensa que un pensamiento no es una realidad, es solo algo que aparece en tu mente durante unos segundos. Y si no lo alimentas, desaparecerá igual que vino.
2. Acepta que habrá un momento de crisis
En casi cualquier carrera de larga distancia llega un punto en el que el cuerpo protesta.
Puede ser en el kilómetro 20, en el 30 o en una subida especialmente dura.
Muchos corredores interpretan ese momento como una señal de que algo va mal. Pero en realidad forma parte de la experiencia.
Los momentos de crisis no duran para siempre.
A veces basta con bajar un poco el ritmo, respirar y comer algo en el siguiente avituallamiento o simplemente caminar un poco en la subida.
Recuerda esto cuando llegue ese momento: no es el final de la carrera, solo es un tramo más del camino.
3. Divide la carrera en pequeños objetivos
Pensar en toda la distancia puede resultar abrumador.
Por eso muchos corredores utilizan una estrategia mental muy sencilla: ir de avituallamiento en avituallamiento.
En lugar de pensar en los 42 km o en la meta final, céntrate solo en el siguiente punto del recorrido.
Cuando llegues:
● respira
● baja pulsaciones
● bebe y come con calma
● y vuelve a salir hacia el siguiente objetivo.
Este enfoque reduce mucho la carga mental y hace que la carrera se vuelva más manejable y más disfrutable.
4. Corre acompañado si puedes
El trail running tiene algo especial: la comunidad.
Compartir kilómetros con alguien que lleva un ritmo similar puede marcar una gran diferencia en la experiencia.
Conversar en los tramos más llevaderos, animarse en las subidas o simplemente sentir que no estás solo en el esfuerzo hace que los kilómetros pasen de otra manera.
Si has entrenado con alguien o conoces a algún corredor con un ritmo parecido al tuyo, puede ser buena idea plantear la carrera como un reto compartido.
A veces, cuando la motivación flaquea, el compañero tira de ti… y otras veces eres tú quien tira de él.
5. Confía en el trabajo que ya has hecho
Antes de una carrera es normal que aparezcan dudas:
● “¿Habré entrenado suficiente?”
● “¿Estoy realmente preparado?”
Pero la realidad es que la mayor parte del trabajo ya está hecho.
Todas esas tiradas largas, madrugones, kilómetros acumulados y entrenamientos en montaña han construido una base que ahora te sostiene.
El día de la carrera no se trata de demostrar nada nuevo, sino de confiar en lo que ya has preparado.
Tu cuerpo sabe correr. Solo tienes que dejarle hacerlo.
6. Celebra haber llegado a la meta
En una carrera como Refugis de Pedra cada corredor tiene su propio objetivo.
Para algunos será el tiempo.
Para otros, terminar su primera media o su primer maratón de montaña.
Sea cual sea tu caso, cuando cruces la meta date un momento para celebrarlo.
Porque detrás de esa llegada hay muchas cosas que no se ven:
● semanas o meses de preparación
● esfuerzo
● sacrificios
● constancia
Y eso, independientemente del cronómetro, ya es una victoria.
Porque al final, la mente también se entrena. Igual que entrenamos las piernas para subir una montaña, también podemos aprender a gestionar los momentos de duda, presión o bloqueo que aparecen en carrera.
Gracias por haber llegado hasta aquí y dedicar unos minutos a leer este artículo.
Ahora solo queda una cosa: ponerse el dorsal, respirar hondo y salir a disfrutar de la montaña.
Nos vemos el 21 de marzo en la línea de salida.
Juan Vives
Coach personal, profesional y deportivo. Acompaño a personas y deportistas a gestionar la presión, el estrés y los retos personales para rendir mejor y vivir con más equilibrio.
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